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Cuando un amor se va…

Por Biut y Agencias

Un fuerte malestar en el pecho y la pérdida de la respiración mandó a Alejandra al hospital. La joven gozaba de buena salud, pero terminar su matrimonio de diez años la envolvió en un cuadro de estrés emocional que causó síntomas parecidos a los de un infarto. De acuerdo a estudios, quienes sufren por amor tendrían hasta cuatro veces más posibilidades de padecer un problema cardiovascular, cuenta la BBC.

El quiebre no sólo puede provocar infartos, estudios con resonancia magnética confirman que se activan las mismas zonas cerebrales encargadas de reaccionar cuando se recibe un golpe. Literalmente el amor duele. 

Para la antrópologa Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers (EEUU), enamorarse implica una serie de reacciones químicas que son imposibles de controlar. 

Carlos Cifuentes, psicólogo especialista en terapia de parejas, señala que el impacto del quiebre depende de la etapa de la vida, las experiencias previas y proyecciones inconclusas.

Según Fisher, se pasa por dos fases luego de la ruptura: la protesta y la negación, la última es la que provoca que insistan en buscar a la ex pareja y querer saber todo lo que hace, pues el quiebre no se ha asumido aún, lo que se explica a que el cerebro sigue produciendo dopamina, hormona que provoca que piensen que todo marcha bien.

El peso de la relación

Investigaciones demuestran que las emociones vividas durante el quiebre son tan poderosas como los efectos de dejar una droga: aparece la ansiedad, sudoración de manos y alteraciones en la respiración y el ritmo cardiaco. “El amor es concebido como un estado anímico, que se desarrolla en un contexto relacional donde priman los sentimientos de cercanía, pertenencia, seguridad y estabilidad, y los involucrados desarrollan pautas de interacción que rigen tanto en el ámbito social como privado. De aquí que es comprensible el sentimiento de desapego, luego de un quiebre”, dice Cifuentes. 

Deborah Levit, psicóloga clínica y terapeuta de parejas, aclara que “si definimos el amor como una droga o enfermedad estamos dejando fuera toda una gama de contextos, historias, variables que como seres bio-psicosociales y espirituales poseemos”. La especialista especifica que el amor de pareja implica una construcción mutua y sana donde se ha hecho una elección conciente, “a lo largo del proceso se construye una relación basada en la confianza, aceptación y admiración por el otro donde cada integrante puede crecer y desarrollarse al máximo en esa relación”. Con lo que desmitifica el amor como una droga o una adicción.

El proceso de desamor puede durar meses y acarrear cuadros depresivos de variada intensidad que incluyen decaimiento, irritabilidad y cambios drásticos de humor, explica Cifuentes. “El quiebre de una relación de pareja implica elaboración, es un ‘duelo’ como cualquier otro, que tiene etapas. Puede ser necesario pedir ayuda, no solo en depresiones, sino como un proceso de aprendizaje y crecimiento, de revisar la relación, al otro, y a sí mismo”, concluye Levit.

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