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Estudio revela por qué nos sentimos bien cuando adaptamos nuestras ideas a la mayoría

Por Biut y Agencias

Hay una escena que se repite en comidas familiares, reuniones de apoderados y sesiones de trabajo en equipo: cuando en un grupo de personas la mayoría está de acuerdo en una postura sobre un tema determinado, la persona que no adhiere a esa opinión termina suavizando su crítica y sumándose al resto, aunque sea sólo en apariencia.

Investigadores de la Universidad de Harvard intentaron develar los motivos detrás de esa conducta y descubrieron que cuando las personas cambian de opinión para ajustarse a las convenciones sociales, las partes del cerebro asociadas a la recompensa se activan, lo que otorga un sentido para encajar con el resto del grupo. Esto explicaría por qué las personas se sienten bien cuando tienen opiniones afines con sus pares y por qué esa escena se puede ver con frecuencia en reuniones sociales.

El estudio, publicado en la revista Psychological Science, contempló la observación de 14 hombres entre 18 y 26 años a los que se les mostró 180 fotos de mujeres distintas. Luego se les indicó que debían evaluarlas en una escala de 1 a 7, dependiendo de qué tan atractivas les parecían, tal como ya lo habían hecho otros jóvenes. En un primer momento, los voluntarios evaluaron las fotos sabiendo a quiénes habían elegido sus pares como las más atractivas. Media hora más tarde, tuvieron que realizar la misma actividad, pero sin saber las puntuaciones ajenas. En ambas ocasiones sus cerebros fueron monitoreados con exámenes de resonancia magnética.

Aceptación

Los resultados arrojaron una intensa actividad en el núcleo accumbens y la corteza orbitofrontal, áreas del cerebro vinculadas con la recompensa, cuando elegían a las mujeres que sus pares también encontraban atractivas, mientras que cuando daban una alta puntuación a las fotos mal evaluadas anteriormente, la actividad bajaba. “Encontramos que cuando a los individuos se les pedía encontrar rostros más o menos atractivos, lo hacían basados en lo que su grupo había dicho. Esto explicaría que su cerebro cambia cuando las opiniones se basan en la influencia de sus pares”, comenta el psicólogo Jamil Zaki, líder del estudio estadounidense, a La Tercera.

El siquiatra Luis Risco, director del Departamento de Psiquiatría del Hospital de la U. de Chile, explica que las zonas de recompensa del cerebro se activan con sustancias, pero también con gratificaciones, como las afectivas, de fama, de dinero y de poder. “Cuando uno tiene conductas cuyo resultado genera gratitud de cualquier índole se activan los centros de recompensa que producen una sensación de placer, por lo tanto, concordar con ideas aceptadas socialmente y sentirse aceptado activará necesariamente los circuitos de recompensa”, afirma.

Temas subjetivos

Según Raúl Carvajal, sicólogo de la Clínica Santa María, las personas necesitan que sus opiniones sean confirmadas por su entorno especialmente en determinados ámbitos: “Esto se puede ver en lo que consideramos como belleza, inteligencia o un sentido común, porque no hay objetividad en estos aspectos. Como es mucho más subjetivo,uno queda más expuesto, porque si el experimento se hubiera hecho respecto de opiniones sobre política o religión, probablemente se habrían encontrado mayores divergencias”.

Los autores del trabajo consideran que adecuar las propias opiniones al punto de vista de la mayoría puede aparecer como una debilidad que puede llevar a apoyar comportamientos negativos, como el tabaquismo o comer en exceso. Pero, en la otra vereda, podría ser una herramienta para canalizar ideas positivas. “Si lo pensamos como un mecanismo social poderoso a través del cual podemos cambiar nuestras ideas sobre el mundo, podría ser muy positivo incentivar a la gente a participar en los procesos electorales o a donar órganos, por ejemplo”, dijo el autor del estudio al sitio web de la Asociación para la Ciencia Psicológica.

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