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Pareja Libra: La era del matrimonio miti-mota

Por Biut y Agencias

La vida de Paulina Roa y Claudio Parada es una película en cámara rápida. Empezaron a pololear muy jóvenes. Fueron papás al poco tiempo y después de un año de convivir se casaron. Así, flash. Fácil no fue, admiten. Se fueron “conociendo en el camino”, dice Paulina.

Al partir marcaron dos límites incuestionables: la infidelidad y la agresión. Ambos quedaron prohibidos. Pese al rayado de cancha los problemas llegarían.

Como todo el mundo, pasaron dolores, penas y alegrías. Pelearon y se reconciliaron. Tuvieron dos hijas (y luego mellizas). Y en el trayecto se dieron cuenta de que habían llegado a establecer en su relación una especie de democracia de los acuerdos. Una balanza que trajo sanidad y mejoró la convivencia.

“Después de varios conflictos -derivados de que yo estaba todo el día en la casa y Claudio afuera trabajando en sus labores como ingeniero-, necesitábamos encontrar el equilibrio. Así inventamos el lema ‘compartido, divertido’. Un sistema en el que nos dividíamos la casa en dos. Por un lado la cocina, platos, aseo; por otro, el dormitorio y las niñas, así miti-mota”, cuenta Paulina. Aunque reconoce un pecadillo: calladita retocaba las tareas domésticas de Claudio. “Pero sin que se diera cuenta”, aclara.

Como buen ingeniero aplicado, al poco tiempo Claudio equiparó las labores de Paulina y “eso hasta hoy no ha cambiado”, afirman.

De esta manera Paulina y Claudio ( hoy ambos trabajan), se transformaron en una Pareja Libra, es decir, esas que ponen en la balanza las tareas de la casa y sus labores como padres. El modelo entierra el funcionamiento machista y piramidal y lo reemplaza por paridad de género. En este tipo de relaciones las mujeres no dicen, por ejemplo, que sus maridos les ‘ayudan’ en la casa. No es el concepto del esposo ‘colaborador’ (con el subliminal machismo que implica el concepto). No. Acá se habla de compartir, por igual.

Bajo el régimen ‘Libra’ el hombre muda, da la leche, cocina, hace las camas, seca platos, y no por eso deja la pichanga los domingos y una que otra junta con sus amigos. Una especie de metrosexual puertas adentro. Así la mujer tiene más tiempo para su vida y se quita de encima esa histórica carga que significa llegar a la casa a trabajar.

En suma, democratizan la relación, tienen mejor comunicación y hay mayor sentido de justicia. Paridad es el lema. Son los que se ‘ponen en el lugar del otro’. Tanto así, que en el caso de Paulina cuando nacieron sus mellizas, hace tres años, “fuimos dos madres, uno con cada una de ellas”, revela.

Estas parejas balanceadas son una tendencia, afirma el jefe de la Unidad de Psiquiatría de la Clínica Alemana, Alejandro Koppmann. “Se da sobre todo en los matrimonios más jóvenes, y tiene directa relación con el ingreso masivo de la mujer al trabajo y los costos económicos cada vez más altos”.

Opinión que complementa la sicóloga de la U. Andrés Bello, Lucía Godoy, quien sostiene que “las mujeres tienen más conciencia de la igualdad de derechos y eso ha fomentado que hoy se considere normal que el hombre aporte con las mismas tareas en la casa. Antes ella tenía un doble rol”.

Hoy ellos participan en la casa desde chicos en labores que en el pasado fueron ‘condena’ femenina. El cambio refleja una educación más democrática. “En el tiempo de los abuelos -indica la experta- si había pollo, la pechuga era para el papá (el proveedor) y el trutro para los niños. O sea, lo más rico para él. Eso revelaba una forma muy piramidal de constituir la pareja. En familias de pocos recursos, los que iban a la universidad eran los hombres”.

ELLA CON LA GUAGUA, YO CON EL ALMUERZO

Los especialistas coinciden en que frente al modelo antiguo las ‘Parejas Libra’ poseen mejor comunicación. “Siempre se están poniendo de acuerdo, transando. Por ejemplo, él le dice que no puede ir a buscar a los niños porque tiene una reunión. Eso genera además que ambos manejen los movimientos del otro, algo muy poco frecuente en el pasado”, explica Godoy.

A juicio de Felipe Gálvez, sicólogo de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile, detrás de una pareja de estas características debe haber “una ideología que se comparte. En algún momento se unieron porque tenían una coincidencia, una sintonía respecto de lo que opinan y consideran de los roles masculinos y femeninos en una pareja. Se podría entender inclusive que establecer equilibrios de este tipo y así de radicales, denota una lucha contra lo que socialmente ocurre de forma más frecuente. Que una pareja haga esto en conjunto es siempre positivo”.

Esta afirmación calza perfecto para William Peters y Pamela Figueroa, que acaban de ser padres por primera vez. Su hijo Matías tiene cinco meses, y ambos conjugan su trabajo con la casa. “El comportamiento nuestro, ahora que tenemos un hijo, tiene que ver con las costumbres que desarrollamos antes del embarazo. No fue espontáneo, lo construimos en la convivencia y para generar armonía, que se logró porque los dos cumplimos con tareas en la casa y el trabajo. Si mi señora está cuidando a Matías, por ejemplo, sé que debo preocuparme de hacer el almuerzo”, dice William.

Para Pamela era ‘obvia’ una relación repartida en partes iguales o lo más equilibrada posible, sobre todo porque los dos trabajan. “No se dio de manera natural, tuvimos que conversarlo y hacer concesiones los dos para que funcionara”, cuenta.

Por ello para William no es raro que en un mismo día tenga que lidiar con los bancos, en su rol de empresario, y en la noche esté mudando a Matías.

Eso es ‘trabajo en equipo’, enfatiza el doctor Koppmann: “No cabe otra, la multiplicidad de tareas no resiste otra salida. La doble jornada casa-trabajo era insostenible para la mujer, que de la mano del hombre cambia, se vuelve un equipo. Pregúntenles a los pediatras. Hoy en las salas de espera se ven niños con sus papás; antiguamente era muy raro, siempre tenían que ir con la mamá”.

Este cambio “faculta al hombre a tomar decisiones que antes no estaban en sus manos. Ya no hay que esperar que la mamá llegue para saber qué vamos a comer, porque el hombre tiene conciencia de lo que es llevar una casa, si se queda solo con los hijos sabe qué hacer”, añade Lucía Godoy.
Los expertos indican además que esta nueva forma de constituir un matrimonio permite asumir responsabilidades en forma equitativa. Es decir, frente a los hijos, por ejemplo, ambos pueden castigar o premiar, ya no se concentra la autoridad en una sola persona.

LA POSTA DE LOS RELEVOS

Mariella Repetto y Jean Paul Díaz, ella veterinaria, él empresario paisajista, tampoco quisieron repetir la historia. Aunque tienen una situación acomodada, optaron por no tener nanas y asumir las labores del hogar y sus dos hijos.

Su rutina laboral se amolda al tiempo disponible. Jean Paul tiene horario más libre y está más en la casa. Por eso en las mañanas prepara las mamaderas que Mariella deja listas la noche anterior. Luego viste a los niños y le da tiempo a su señora para levantarse. Ahí viene el relevo. Él entra a la ducha y ella hace las camas. Funcionan como una sociedad. Un reloj. Como atletas de una posta 4×4.

Y siguen en la tarde. El que se desocupa más temprano los va a buscar al jardín. En la noche lo mismo: los bañan, pijama y a la cama. Y hasta les queda tiempo para estar solos. “Lo nuestro es 100% compartido. Tenemos una relación bien armónica, ya que ninguno se siente agobiado por el trabajo de la casa y los hijos. Estamos criando de forma participativa: ellos cuentan con su papá, y si por algún motivo yo no estoy no se genera caos”, dice Mariella.

En este punto el sicólogo de la U. de Chile explica que si la concepción de mundo de una pareja se relaciona con el equilibrio, la paridad entre los sexos y la distribución igualitaria de las tareas, es positivo transmitírselo a los hijos. “Lo mejor es mostrar en acciones lo que se cree, y no viceversa”, asegura.
 
MAS DISCUSION Y CAMBIOS DE AGENDA

En general este giro de la pareja hacia la igualdad se ve con buenos ojos. No es perfecta, pero se acerca. Hay dos voces y dos votos. No obstante, los dramas existen. Uno típico: cuando se desacreditan frente a los hijos porque uno castiga y el otro perdona.
Además, como viven en un constante ponerse de acuerdo y el poder no se concentra en una persona, discuten más para aunar posiciones. También suelen sufrir cambios de agenda a última hora, suspensión de junta con amigos y hasta dejan actividades personales de lado por hacer relevo o apoyar. Se aspira a lo común sobre lo personal, concluyen los expertos.

Algo que en algún momento afectó a Pamela y William, pero él terminó por asumir, fue que “si tengo que correr porque ella tiene que quedarse en el trabajo un rato más, lo hago. La balanza siempre se inclina contra la mujer, sobre todo en la casa. Ahí es cuando los hombres debemos cambiar el switch para equilibrar la carga. Ojo, no es ayudar, sino asumir un rol más activo en ese sentido”, comenta.

¿Hacer todo compartido puede trastocar roles o significar mimetizarse de mala manera? Para el sicólogo Felipe Gálvez el riesgo de ser demasiado simbióticos al tener roles tan igualitarios existe, “porque las diferencias, las ideologías distintas también nutren a la pareja, abriendo espacios para cada uno que, si no están, podrían en algún momento provocar que la pareja se estacione en su equilibrio y termine lidiando con la desidia, el aburrimiento o la hiperestabilidad”.

Hay que entender que “no somos iguales y no es bueno pretender serlo. Es bueno mantener diferencias. Lo peligroso es que la pareja pierda el cuento entre ambos. O sea, que la familia esté bien y ellos en lo íntimo mal, por falta de tiempo”, apunta Koppmann.

Así, mantener actividades propias de cada sexo es saludable. Hay cosas de género en las que uno no se va a igualar, por eso hay que mantener los nichos propios, subraya el siquiatra.

En este sentido, lo que hacen Claudio y Paulina (‘escaparse solos’), es recomendable. “Cada vez que podemos nos arrancamos a la playa o fuera de Chile. Hace dos años nos fuimos de mochileros a Europa. Ahora estamos planeando algo más exótico, ir a Camboya o Tailandia”, cuentan.

Con buen humor, se puede decir que las ‘Parejas Libra’ refuerzan el dicho que reza: “La única cosa en el mundo que es exclusiva para hombres es el urinario”.

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