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Roger Waters trae en marzo al Estadio Nacional el show de The Wall

Por Biut y Agencias

Fue una de las batallas más duras enfrentadas por la industria del espectáculo local en los últimos años. Desde principios de 2010, un puñado de productoras con sede en Santiago iniciaron la carrera por abrochar uno de los espectáculos más rentables y deslumbrantes de la actualidad: la gira con que Roger Waters revive de manera íntegra la ópera rock The Wall. Pero este fin de semana, una empresa nacional cerró de manera definitiva la tercera escala del británico en la capital, tras sus conciertos de 2002 y 2007: será durante la primera quincena de marzo en el Estadio Nacional y como parte de un tour sudamericano que también irá a Brasil y Argentina, aunque la oficialización sólo vendrá en los próximos días.

En un principio, el acuerdo involucra la realización de dos presentaciones, ya que la mastodónica envergadura del show reducirá la capacidad del estadio a un promedio de 35 mil personas. Para la compleja instalación del escenario y todo el trabajo técnico, la firma ya reservó el recinto ñuñoíno en un lapso que va desde el 20 de febrero al 7 de marzo, período que también involucra la realización del concierto.

En el caso argentino, medios de ese país ya informan que The Wall se presentará por esa misma fecha -el mismo marzo en el que Waters baja religiosamente a Sudamérica cada cinco años- en el Estadio Unico de La Plata, el mismo donde estuvo U2 hace poco más de dos meses y único reducto capacitado para el concierto. Debido a la falta de sitios techados con alta convocatoria, Sudamérica es uno de los pocos puntos del periplo -que empezó el 15 de septiembre del año pasado en Toronto- donde se han privilegiado los estadios de fútbol, ya que en Norteamérica y Europa se ha optado por arenas con aforo para no más de 25 mil seguidores.

Es que el tema técnico es clave: entre 1980 y 1981, cuando se alzaba como la obra que marcó a una generación completa y como la performance más ambiciosa en la historia del rock, el conjunto sólo pudo mostrar el espectáculo en 29 shows repartidos en apenas cuatro ciudades, debido a su difícil montaje. Sólo volvió a la ruta en 1990 en Berlín, para festejar la caída del muro.

Como una revancha, para esta vez el staff del bajista invirtió US$ 15 millones en una puesta en escena formada por un muro que cruza todo el escenario y que sirve de pantalla permanente para emitir toda la imaginería del disco. La pared está compuesta por 424 ladrillos gigantes que cubren 70 metros de largo por 11 metros de alto y que van creciendo con el avance de la cita, convirtiéndose en el despliegue escénico más sofisticado en la trayectoria del inglés, superior al relato visual que en su visita de 2007 acompañó The dark side of the moon.

Es la tarima más larga instalada en la capital, superior a los 50 metros ostentados por “La garra” de U2 en marzo, aunque este espectáculo presentaba una altura superior (30 metros). Todo secundado por un sonido estereofónico, que permite oír cada detalle con nitidez.

Como si no bastara, el músico ha deslizado que esta gira podría ser su último recorrido planetario, dejando los años venideros para despachar álbumes con mayor paciencia. “Ya no soy tan joven como antes. No soy un gran vocalista ni un gran instrumentista, pero aún tengo fuego en las tripas. Tengo el canto del cisne dentro y creo que esto se acaba pronto”, dijo el año pasado a AP.

Artificio y marionetas

Más que un concierto, lo del ex Pink Floyd es un bocado teatral, un anzuelo a los sentidos. Un recorrido de dos horas que repasa toda la producción de 1979 en dos segmentos, dividido cada uno en 13 canciones e interpretadas en el mismo orden.

Y con el mismo espíritu de esos años, aunque actualizado: la estrella de rock -encarnada en la película de Alan Parker por la figura de Pink- alienado por la fama y la masividad, y que intenta recoger respuestas en un mundo derrotado por el capitalismo y la guerra. Tras una intro salpicada por pirotecnia, In the flesh? marca la salida de un Waters ataviado con una chaqueta negra. The thin ice, la segunda entrega, fusiona fotos de soldados muertos en la Segunda Guerra Mundial con la de jóvenes caídos en Irak o Afganistán.

Luego, Another brick in the Wall (Part I), muestra a un foco gigante que busca gente entre el público y da terreno al primer gran fetiche de la velada: la marioneta gigante del profesor obsoleto que enfrenta a un grupo de niños vestidos con la leyenda “el miedo construye paredes”. El saludo al pasado sigue en Mother, con imágenes de un Waters de hace 30 años cantando junto al artista de hoy. Empty spaces ofrece más estímulos a los sentidos con dibujos de aviones que disparan bombas con formas de crucifijos y de logos comerciales. La segunda parte abre con Hey you y muestra a la banda de acompañamiento tras la estructura. Luego pasan una emotiva Comfortably Numb, el clásico cerdo de la agrupación sobrevuela al público en In the flesh y el muro se derriba con furia en The trial. Todo queda en el piso y Outside the wall marca el fin de un show que la crítica ya sitúa con justicia entre lo más deslumbrante de la música popular.

Pink Floyd revive

En septiembre, cuando seguramente la floydmanía ya está instalada en el país, EMI publicará todo el catálogo remasterizado del grupo, junto con material inédito en los formatos de CD, DVD y Blu-Ray, además de aplicaciones especiales para iPhone.

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