Segundos matrimonios: el 73% se vuelve a separar

Por Biut y Agencias

Claudio Espinosa (ingeniero, 45 años) no acaba de entender las razones del fracaso en su segundo matrimonio. Tras su primera experiencia marital no sólo se consideraba más maduro para enfrentar una relación, sino que estaba convencido de no volver a cometer los mismos errores. Pero a poco andar todo pareció complicarse: “Yo tenía hijos de mi primera relación y aunque ella los aceptaba bien antes del matrimonio, cuando nos casamos comenzó a oponerse a la relación que tenía con la mamá de ellos”, relata. Todo se agravó tras el nacimiento de una nueva hija, Cecilia: su pareja ahora demandaba que debía dedicar menos tiempo a su “antigua familia”, ya que eso perjudicaba la crianza de la bebé. “Cambiaron muchas cosas. Me di cuenta de que había sido un error”, asegura.

Claudio pertenece al 41,3% de chilenos que tras separarse, se embarca en un segundo matrimonio o convivencia. Así lo señala la Encuesta de Protección Social realizada por el Centro de Microdatos del Departamento de Economía de la U. de Chile, la cual estima que este porcentaje equivaldría a unas 178 mil personas en el país. No es todo. Según la interpretación de la entidad a las cifras obtenidas en su encuesta, Claudio también formaría parte del 73% que fracasa en su segundo matrimonio. Apenas el 21,7% de los individuos que tienen una segunda unión se encuentran actualmente con esa persona.

Según explica Sandra Quijada, investigadora y coordinadora de la Unidad de Encuestas del Centro de Microdatos, en Chile -al igual que en otros países, como Estados Unidos- si las personas vuelven a casarse, las probabilidades de éxito de su segundo intento son menores que la del primer matrimonio.

¿Las razones? Los sicólogos hablan de una menor tolerancia, de la mayor complejidad de formar una nueva unión cuando existe una relación familiar previa y de la tendencia a emparejarse rápidamente (en especial de los hombres, porque el 48,9% de ellos vuelve a casarse tras una primera separación, frente a sólo el 36% de las mujeres), al momento de explicar el fenómeno. Pero también existe otra mirada, la que proviene del particular prisma de los economistas. Donde no es el amor o el cariño lo que determinará el éxito del matrimonio, sino que es la “información” la que determina el éxito o fracaso de las uniones.

FALTA DE INFORMACION

En Estados Unidos, según estadísticas oficiales, la mitad de las parejas que se casan terminan separadas. Y el 67% de quienes vuelven a intentarlo, acaba igual: en divorcio. No es todo. Si se analizan los terceros matrimonios, la tasa de fracaso llega al 74%.

Fue en este escenario donde surge la teoría desarrollada por Gary Becker en su libro “Tratado de Familia”. En el texto, este economista -que ganó el premio Nobel en 1992- explica que la información “no esperada” que se obtiene después de casarse al ir conociendo con más detalle a la persona, reduce los beneficios de continuar casado, razón por la cual las personas toman la decisión “racional” de separarse. Y aunque esto es válido tanto para el primer como para el segundo matrimonio, diversos factores inciden en que el segundo intento pueda llegar a ser todavía “más complicado” que el primero.

“Si tu primer matrimonio duró tres o cinco años, nada garantiza que la segunda vez sea para siempre”, explica Sandra Quijada. Es que, a pesar de que en el fenómeno de la renupcialidad influye el hecho de que en la sociedad se vive una mayor flexibilidad y confianza hacia el matrimonio (en especial tras la entrada en vigencia de la ley de divorcio), una vez en la nueva relación se experimenta una menor tolerancia en las parejas.

La teoría enfatiza el hecho de que el matrimonio es una decisión económica, situación que en tiempos pasados, cuando las uniones eran arregladas por las familias, no era objeto de cuestionamiento. No obstante, con el devenir del pensamiento moderno y con la creencia de que es el “amor” el que debe determinar si una pareja debe o no estar junta, numerosa información acerca de la pareja se desconoce hasta el momento en que comienza la convivencia, explican los especialistas.

“Cuando estás en una sociedad conyugal, te das cuenta de que procesaste mal la información y van apareciendo antecedentes que pueden desestimar el valor de mantener esa relación”, afirma Quijada. La teoría de Becker, por ejemplo, dice que el número de hijos y las edades de estos es una variable importante en la determinación de mantenerse o no casado: a mayor cantidad de hijos y a menor edad de los niños (menores de seis años), más baja es la probabilidad de separarse. Datos que fueron corroborados en Chile por el estudio Determinantes Socioeconómicos de la disolución Matrimonial (2006). En este análisis, se muestra que el 39,62% opta por no tener hijos en su segunda relación.

LOS TUYOS, LOS MIOS Y LOS NUESTROS

Pero existen otros factores que también complejizan las segundas relaciones. Claudia Rodríguez, académica de la Escuela de Sicología de la U. Andrés Bello, señala que en la renupcialidad se parte de un punto muy distinto al del primer matrimonio. “Es muy probable que existan hijos de la anterior relación, de parte de uno o ambos miembros. A eso debes sumar los nuevos hijos que puede tener esa pareja”, dice. Todo esto involucra procesos de adaptación que suelen ser muy complejos, tal y como le ocurrió a Claudio con su pareja. “La llegada de mi hija en la nueva relación complicó mucho las cosas, al punto que llegó a ser insostenible”, reconoce.

Para el sicólogo clínico experto en parejas de la Universidad Central, Fernando Urra, también incide el hecho de que, de manera inconsciente, todos tendemos a seguir similares patrones sicológicos a la hora de escoger una pareja. Según explica el sicólogo, el patrón tiene que ver con lo que uno busca en esa persona: que sea alegre, extravertida, segura de si misma, etc. “Lo más frecuente es que se vuelva a elegir a la pareja por los mismos patrones, entonces, se vuelven a repetir los mismos conflictos. Es lo que se ve en la consulta con mayor frecuencia”, dice el especialista. Esta situación explica porque algunas personas se separan y casan tres, cuatro y hasta seis veces.

Los sicólogos coinciden en que un tercer factor que puede afectar es la tendencia a casar de nuevo muy rápidamente, en especial por parte de los hombres. Esta “prisa”, por emprender una nueva relación, evita que las personas vivan el duelo que se necesita para superar traumas y experiencias negativas del pasado, todo lo cual también incide en el éxito de la nueva relación.

67% de quienes se casan por segunda vez en Estados Unidos, se separan.

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