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[Opinión] Javiera Arrate: “El resto no acepta que uno ande sola”

"El resto no acepta que uno ande sola. Cuando llegas a un restaurante te preguntan si viene alguien más, y no tiene por qué venir alguien más"

Javiera ArratePeriodista

Por Javiera Arrate /@javiarrate

Estar sola no significa no tener pareja o vivir sin un compañero. Son esas dos, más otras cosas. Por ejemplo ir a comprar al minimarket y no aguantarte con ese pastelito, comerlo mientras caminas o sentarte en una banca a comer fascinada, si queda azúcar flor en las mejillas da lo mismo.

Las solas perdemos todo el tiempo la comida del refrigerador porque se descompone. Cocinamos maravillas para comerlas sola. Y para evitar que el talento gastronómico se vaya directo a una sola guata, enviamos fotos de las preparaciones a todo el mundo por Whatsapp para lograr que, al menos, alguien aprecie nuestro talento gastronómico.

También nos damos el gusto de ir solas al cine, e incluso, llorar entre dos desconocidos. Total no es necesario ir al cine en compañía, porque hay que estar callado.

El resto no acepta que uno ande sola. Sí sola, porque cuando una mujer anda sola, para el resto resulta más raro que ver a un hombre solo. Y te lo hacen saber.

La primera vez que salí a bailar sola, había corrido 10k en un tiempo bien bueno, por la vida que estaba llevando lo creía imposible. Volví a mi casa de noche con una energía brígida. Me duché, pero tenía más energía. Eran las 01:00 am y la gente con la que había hablado ya se iba a ir a acostar. Y yo, en serio, quería salir.

Me arreglé, obvio, hay que ir bien presentada para ir a bailar en soledad. Llegué, me tomé una champaña, haciéndome la muy acostumbrada a ir a bailar sola, pero obvio que no. Mientras, el mejor amigo de mi ex pololo me veía ahí bailarina.

Conocí a una chiquilla muy amorosa, periodista también, que tomaba whisky de miel, conversamos sobre ese trago y otras cosas. Ahora somos amigas de Facebok, nos damos likes y súper buena onda ella. Apareció otra gente y todo esto finalizó a las 11 de la mañana, cuando pasé a tomar desayuno, un sándwich a esa hora es muy ameno.

Pero aquí viene la parte en donde el resto no acepta que uno ande sola. Sí sola, porque cuando una mujer anda sola, para el resto resulta más raro que ver a un hombre solo. Y te lo hacen saber, por ejemplo, cuando llegas a un restaurante y te preguntan si viene alguien más, y no tiene por qué venir alguien más. O cuando el taxista, desubicado, de vuelta de la discoteque te dice algo así como “¿tan bonita y se va sola?”.

Al menos, los patios de comida tienen su rinconcito para solos. Una mesa larga y angosta con pisos altos, donde los solos disfrutan una hamburguesita con devoción.

Pero lo más latero de que esto no esté diseñado para uno, es cuando te tocan la billetera en exceso. En los hoteles, si estás sola pagas lo mismo que pagarían dos por una pieza. ¡Uno debería pagar la mitad poh!

Ahora unos amigos van al sur, puras parejas y me hubiese gustado ir igual, pero el presupuesto no me da para una pieza sola. Tendría que estar en la casa de una amiga o en un hostal, mientras el resto disfrutan de un Hot tubs con vista al lago, no es justo.

Lo bueno es que, al menos, los patios de comida tienen su rinconcito para solos. Una mesa larga y angosta con pisos altos, donde los solos disfrutan una hamburguesita con devoción, si se chorrea el ketchup da lo mismo. Se paran, botan su bandeja y siguen pasándolo chancho solos.

[Opinión] Javiera Arrate: Cuando la obsesión por los astros se apodera de nosotras – Biut.cl

En mis primeras dos pegas existió siempre un momento único: La lectura del horóscopo semanal, que luego, con el auge de la temática se fue ampliando a la reseña de diferentes autores, a diferentes tipos de horóscopo y a una especie de fanatismo por el plano de los astros, que se dio especialmente entre las mujeres, me incluyo.

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