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[Opinión] La precariedad no es agenda feminista

No es posible, ni siquiera imaginable, que el feminismo pueda ser parte de una agenda que nace desde una concepción capitalista.

Tamara VidaurrázagaDoctora en Estudios Latinoamericanos. Vocera Frente Feminista Movimiento Autonomista. Docente de la Usach y encargada de Educación y Estudios del Instituto de la Mujer.

Por Biut

Cuando las feministas decimos que queremos cambiar la sociedad y la cultura, no nos referimos a pequeños maquillajes, sino a una revolución radical que atraviese cada espacio existente y cuestione todo lo que hasta ahora hemos normalizado a costa de la vida de las mujeres y otros sujetos discriminados.

Por eso no es posible, ni siquiera imaginable, que el feminismo pueda ser parte de una agenda que nace desde una concepción capitalista. El capitalismo es discriminación y desigualdad. El capitalismo violenta todos los días y a cada minuto. Tal como han dicho hace tiempo las teóricas feministas, capitalismo y patriarcado avanzaron en un pacto odioso que dejó a una minoría a cargo del poder del mundo. Y a todo el resto repartiéndonos las migajas.

Sabemos lo que son ustedes, lobos vestidos de ovejas ante el miedo de nuestros avances innegables.

El feminismo es anticapitalista. El feminismo es antirracista. Porque busca transformar la sociedad a partir de las necesidades de la diversidad de los sujetos que la habitan, asumiendo que todos y todas somos dignos y tenemos derechos humanos inalienables solo por el hecho de existir.

Cuando el presidente Piñera quiere disfrazar su capitalismo mordaz haciéndonos guiños a las feministas se equivoca brutalmente. No nos convence, ni siquiera nos seduce un poco. Sabemos lo que son ustedes, lobos vestidos de ovejas ante el miedo de nuestros avances innegables.

Las vidas de las mujeres no mejoran haciendo trabajos que con el título de “flexibles” esconden precariedad y naturalizan las labores de cuidado y domésticas invisibles y no remuneradas que hacemos a diario. Ni con vendernos el cuento de que trabajando más años todavía, las jubilaciones serán mejores para nosotras. Ni haciendo que las isapres le cobren más a todos, cuando ni siquiera debiera permitirse el lucro en la salud, que es un derecho básico. Y tampoco disfrazando de “impulso al emprendimiento” la doble jornada laboral que nos agobia.

Actualmente las mujeres jubilamos en promedio con menos de cien mil pesos. Según las encuestas sobre uso del tiempo, las que trabajamos remuneradamente, nos hacemos cargo el doble de tiempo de las tareas domésticas en relación a los hombres con los que convivimos. Ni qué decir de las que trabajan en sus casas invisiblemente y hasta creen que “no trabajan” por ser dueñas de casa.

Cuando el presidente Piñera quiere disfrazar su capitalismo mordaz haciéndonos guiños a las feministas se equivoca brutalmente.

En este país, un ingeniero o ingeniera en minas –profesión eminentemente masculinizada- llega a ganar entre 7 y 4 veces más que una educadora de párvulos –profesión casi totalmente feminizada-. Este es el meollo del problema señor presidente: En este país valoramos más el trabajo de quienes están a cargo de rocas que producen dinero, que el de quienes protegen y educan a nuestros hijos e hijas, porque estas últimas históricamente han sido mujeres haciendo un trabajo que ustedes piensan nos corresponde por naturaleza. Así entienden ustedes el desarrollo.

Cuando demandamos educación feminista estamos hablando de transformar la sociedad de forma radical en sus cimientos. Apostando a que esta revolución nos pondrá de nuevo en un sitial de dignidad humano a quienes hemos sido históricamente abusadas y violentadas. No con pequeñas humillaciones, como osó decir su ministro blanco, heterosexual, con recursos económicos y poder político. Sino con humillaciones cotidianas y sistemáticas en las calles y lugares de estudios y trabajo donde vivimos acoso sexual, en los medios de comunicación a través de la publicidad sexista, en nuestros hogares donde tenemos más posibilidades de ser asesinadas por la pareja o violadas por un familiar, que si caminamos solas a las tres de la mañana en una calle desierta.

De eso estamos hablando señor Presidente. No de cambios menores. El machismo no es una pequeña humillación, el machismo es terrorismo. Porque nos acostumbramos a vivir con miedo de no llegar vivas a la casa, o a ser violadas si nos quedamos dormidas en la fiesta. Nos acostumbramos a abortarnos escondidas con las amigas, incluso las más católicas, como si fuéramos delincuentes. A aceptar chistes que se ríen del terror con el que vivimos cada día por nosotras, nuestras amigas, nuestras hermanas, nuestras hijas. A ser humanas de segunda categoría. Pero ya nos cansamos. No queremos su maquillaje capitalista. De eso estamos hablando: De feminismo. Dese por enterado.

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