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Arquitectura social

Por Biut y Agencias

Eran los inicios del siglo XX cuando la carencia habitacional de las familias de obreros y empleados de la época obligó el urgente desarrollo de proyectos de vivienda social. La promulgación de la Ley de Habitaciones Obreras de 1906 fue una de las primeras medidas tomadas para hacerse cargo del tema, dando con ello paso a lo que posteriormente sería la construcción de diversos conjuntos habitacionales. Punto de partida y despegue de una gran época para la arquitectura nacional, con fuerte sentido social, que buscó no sólo suplir una necesidad, sino dignificar a quienes las habitaban.

Los más emblemáticos proyectos de vivienda social en Chile se construyeron durante 1930 y 1970, y aún inciden de manera fundamental en la arquitectura actual. Edificaciones que, en su mayoría, han resistido tres terremotos, con propuestas urbanísticas integradas al entorno, buenos materiales y diseños tan notables que hoy son objeto de estudio de las nuevas generaciones. Villa Portales, Villa Frei, Población Huemul y Población Arauco son cuatro ejemplos de una manera distinta de hacer arquitectura, una que acoge la perspectiva del usuario fomentando la vida de barrio. Aquí una mirada transversal de su arquitectura y el testimonio íntimo de quienes las habitan.

POBLACION HUEMUL II

En el mítico barrio Huemul, donde alguna vez vivió Gabriela Mistral y que hoy es Zona de Conservación Histórica, se encuentra la Población Huemul II, uno de los más antiguos proyectos de vivienda social en Chile. Construido entre 1940 y 1943 como iniciativa de la Caja de la Habitación Popular, a cargo del arquitecto Julio Cordero, aquí se plantearon dos tipos de departamentos; los dúplex, de 70 m2 y tres dormitorios, y los simples, de 46m2, con dos dormitorios. En total 180, todos con piso de raulí.

La exigencia mínima de superficies de áreas verdes en los conjuntos habitacionales fue un aspecto esencial en aquella época. En Huemul II fue un elemento fundamental del proyecto, ya que finalmente le dio la forma al conjunto.

Entre los siete bloques que la comprenden existen áreas de esparcimiento, una piscina, una pérgola, dos plazas y ocho locales comerciales. Pese a la época  y las limitaciones presupuestarias, la Población Huemul II marcó un precedente para la construcción de futuras unidades vecinales.

“Llegué el año 44 con mis papás y mis seis hermanos, recuerdo que la población fue inaugurada por el mismo Presidente Pedro Aguirre Cerda”, nos comenta uno de sus más antiguos residentes, Hipólito Salinas, actual presidente de la junta de vecinos del barrio.

“He vivido toda mi vida aquí, crecí y me casé. Aquí las familias nos conocemos, hay un espíritu  fraternal y nos cuidamos mutuamente. Muchos de los hijos de vecinos se casaron entre ellos, por eso todos estamos emparentados”, agrega. Es que ciertamente la vida de barrio aún perdura en esta población, cuyo espíritu de empuje hace que siga más viva que nunca.
Coordinando actividades vecinales y reuniones con concejales, Hipólito transita de un lugar a otro y a su paso saluda por su nombre a cada uno de los residentes. Los conoce a todos, “hay que actuar cohesionados, la cosas ya no están como antes, y tuvimos que enrejar, nos cuidamos y nos apoyamos, e incluso conseguimos que nos hicieran un centro deportivo, que es de uso gratuito para los vecinos”, puntualiza este hombre de 67 años que lleva una vida entera dedicada al servicio público y que este año fue premiado en la Municipalidad de Santiago por su destacada labor.

POBLACION ARAUCO

La Población Arauco es quizás la menos conocida de estos cuatro proyectos. Fue construida en 1945, en un predio de forma irregular que limita al oriente con el Club Hípico y al poniente con la población obrera de FF.CC. San Eugenio. Posee 300 viviendas y fue edificada y financiada por la Caja de la Habitación Popular.

Su programa de diseño es un claro referente de las buenas construcciones de la primera mitad del siglo XX, la estructura de sus bloques habitacionales destaca por las circulaciones verticales de los edificios y la utilización de diferentes tipologías residenciales. Dividida en varios pasajes, posee dos variedades de departamentos: de tres y dos dormitorios, y casas de dos pisos con tres dormitorios y de un piso con dos dormitorios. Este es un proyecto que se podría decir estuvo “sobrecalculado”, es muy resistente y ha soportado los tres terremotos sin mayores problemas; las casas y los departamentos están prácticamente intactos, condición que hoy han perdido las edificaciones, y que quedó en evidencia después del 27 de febrero pasado. En su singular diseño, las escaleras en formato espiral sin descanso, que se acogen a una fórmula matemática, forman parte del sello identitario de esta  población. Otra característica, es que este tipo de vivienda estaba emplazada en el denominado barrio industrial de Santiago, de manera de facilitar el traslado de los trabajadores, pues se trataba de proyectos que no sólo suplían las necesidades básicas, sino que dignificaban a las personas que los habitaban.

La calidez de los vecinos y ese espíritu de fraternidad tan ausente en la actualidad, es un elemento latente en esta población; un ejemplo de ello es el matrimonio compuesto por Nelly Pozo y Carlos Moya. “Yo he vivido aquí toda mi vida, llegué cuando tenía un año. A mi papá le asignaron este departamento porque él trabajaba en FF.CC.,y a algunas familias que no les tocó en la Población San Eugenio les asignaron este pasaje”, relata Carlos, quien también  trabajó en FF.CC. y que vive aquí con su esposa hace 44 años. “Aquí estamos bien ubicados, tenemos buenas conexiones y vista al Club Hípico, vemos las carreras, y en la primavera los árboles están floridos. Esta población tiene muchas historias; me acuerdo que hace años atrás había una chimenea enorme fabricada para quemar basura, tenía un subterráneo que ya no se ve porque taparon el acceso”. Aclara Nelly, mientras ofrece un trozo de queque preparado para la ocasión.

Fresia Mera tiene 82 años, y vive en una de las casas de la Población Arauco, llegó el año 1944 con sus padres y sus 10 hermanos. “Es una buena casa, yo he pasado los tres terremotos aquí y todavía está intacta, las paredes son tan duras y resistentes que apenas se puede poner un clavo”, aclara entre risas, agregando que justamente por eso es que se ven tantos estudiantes de arquitectura dibujando.

VILLA PRESIDENTE FREI

En la ex Chacra Valparaíso, en un gran fundo dentro de la comuna de Nuñoa, donde alguna vez funcionó una feria de frutas y animales, se construyó entre 1965 y 1968 la famosa Villa Frei, inaugurada por el mismo Presidente Eduardo Frei Montalva. Un proyecto habitacional situado en un paño de 40 hectáreas que incluyó más de 1.900 viviendas en su primera etapa. Pensado en la clase media, fue creado a petición de la Caja de Empleados Particulares por los arquitectos Jaime y Osvaldo Larraín y Diego Balmaceda, que desarrollaron un plan que potenciaba la idea del emplazamiento urbano a través de una columna verde que estructuraba todo el conjunto. El proyecto fue modificado por parte de la Caja de Empleados, y de las tres etapas, la oficina de arquitectos sólo hizo la primera. La Corvi posteriormente incluyó a la propuesta original otra etapa en un terreno colindante. En total 3.699 residencias, entre los bloques, las casas y las torres.Uno de los proyectos de vivienda colectiva más grande realizado en nuestro país.

Era una época en que las políticas públicas fomentaban la producción de viviendas sociales con énfasis en que los programas incorporaran las necesidades de la comunidad que la habitara. Este proyecto posee bloques en altura de cinco pisos configurados por departamentos en un primer nivel, más dos dúplex, con escaleras externas, elemento común en la mayoría de los proyectos de esta época. Además se construyó un conjunto de torres de 15 pisos y casas de dos Niveles. “Por aquí han pasado varias generaciones; uno baja a comprar y ya los conoces a todos, antiguamente uno iba a los matrimonios, hoy se va a los  funerales”, reconoce entre risas Ximena Verdugo, agregando que la vida en esta villa es entretenida, y que la calidad de los departamentos se ha notado con los años. “Son casi 100 metros, muy bien distribuidos; el mío tiene tres dormitorios, un baño, cocina y servicio y todavía conserva las ventanas de fierro originales, que bailaron para el terremoto, pero no se cayeron”, agrega.

Ximena, que llegó a este departamento en abril de 1968 con sus padres y su hermana, hoy lo comparte con su hija, su madre y su perro, y con un cigarro en mano echa rienda suelta a los recuerdos y con gran sentido del humor va relatando cada detalle del vecindario; nos recomienda los pollos asados del almacén de abajo y la panadería de la esquina de donde cada mañana trae el pan calentito.

UNIDAD VECINAL VILLA PORTALES

En el departamento de Laura Serey, el piso aún conserva el parqué original. Sobre una repisa se luce una foto de ella lista para una presentación de baile, una de sus grandes pasiones, y desde el balcón que mira a la Quinta Normal nos va revelando sus vivencias. “Llegué en 1970 junto a mi esposo y mis seis hijos. Hoy las cosas ya no son como eran antes, cuando todos nos conocíamos y celebrábamos hasta las navidades juntos. Me acuerdo que hasta dejábamos las puertas abiertas, ese nivel de confianza se tenía, pero ahora todo ha cambiado mucho”, comenta emocionada esta mujer que a sus más de 70 años se mantiene muy activa y jovial. Baila, nada, es presidenta de un grupo de folclore y además cuida a abuelitas solas.

Desde el block 10 de la Villa Portales nos adentramos en uno de los más emblemáticos proyectos de vivienda social realizados en nuestro país, que surge de los principios europeos del modernismo de Le Corbusier, marcando una etapa trascendental para la arquitectura nacional. La llegada de este movimiento a Chile trajo consigo un cambio de paradigma en la forma de pensar la disciplina. En una época impregnada de idealismo, donde las problemáticas sociales eran el centro de la discusión política, se crea esta obra entre 1955 y 1969, aproximadamente, a cargo de la oficina de los arquitectos B.V.C.H, Carlos Bresciani, Héctor Valdés, Fernando Castillo Velasco y Carlos Huidobro, como encargo, en una primera etapa, de la Caja de Previsión de Empleados Particulares.

El terreno se emplaza en la antigua Quinta Normal de Agricultura y comprende 31 hectáreas. Una de sus características es la gran diversidad de viviendas que se diseñaron. En 19 bloques existen 36 tipos de departamentos entre dúplex y simples, sumado a las siete variedades de casas unifamiliares que hacen un total de 1.638 residencias, con tamaños que van desde dos dormitorios hasta cinco en algunos casos.

La ley Pereira impedía la construcción de viviendas sociales con circulaciones colectivas por sobre el tercer nivel respecto del acceso, así que los bloques se diseñaron como departamentos dúplex con circulaciones horizontales cada dos pisos, liberando metros cuadrados en favor de las viviendas. Por otra parte, cabe destacar la amplitud de los espacios comunes; había pasarelas, hoy cerradas, que pasaban por los techos de las casas uniendo los bloques entre sí, lo que permitía a los vecinos acceso y circulación libre por todo el recinto, además de los amplios pasillos exteriores de cada bloque, impensables en las construcciones actuales. Este es un proyecto que manejó a cabalidad el concepto de arquitectura colectiva.

Las plazas, en donde se aprovechó el paño verde existente, incentivan el espíritu de barrio que aún perdura en esta villa que posee una historia potente, más allá de su imagen de ícono modernista.

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