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Opinión: El que esté libre de deudas, que tire la primera piedra

Por Biut y Agencias

Hoy tengo casi todo lo que necesito. Eso sí, encalillada hasta el fin de los tiempos. Tengo casa, tuve auto, mi casa está ampliada y completamente equipada y amoblada, en resumen no me falta nada.

Pero para conseguir todo eso forzosamente me tuve que encalillar. Recuerdo cuando yo era chica que mis padres también se endeudaban mucho, y casi siempre era por mis hermanos y yo, recuerdo que compraban los uniformes y útiles escolares como en 24 meses, después venía 18 de septiembre y era costumbre que usáramos ropa nueva, ahí se encalillaban de nuevo y ni mencionar la navidad, cuando las deudas eran a hartos años más. También recuerdo que cuando quisieron poner cortinas nuevas en el departamento, también se endeudaron como en 3 años.

En fin, para lo que sea que quiera uno hacer, inevitablemente hay que endeudarse. Lamentablemente las deudas tarde o temprano te pisan los talones y te asfixian. Las entidades bancarias, comerciales  y financieras tienen un sinfín de ofertas en el mercado y tientan a la deuda para salir adelante, es más, es como el slogan publicitario de todas “COMPRE HOY Y PAGUE POR SIEMPRE” y así no mas es, la única forma de conseguir cosas es a punta de deudas, esa es casi la única forma de tener algo. 

Pero cuando esta situación se escapa de las manos vienen los malos ratos, las llamaditas cobradoras, las cartitas cobradoras,  las infinitas amenazas de la vida en el infierno si no pagas. Hoy practico un poco lo de mi suegro y a pesar de que las deudas existen y las llamaditas también, intento vivir en paz, disfruto con lo que tengo y hago lo que puedo con lo justo.

¿Qué tan mal nos puede hacer vivir con un poco de carencias por un tiempo? No todo el mundo tiene tantas comodidades, los niños hoy no aprecian nada, porque lo tienen todo, los padres caemos constantemente en el error de entregar cariño con objetos materiales, auto convencidos de la frase “No quiero que te falte nada, como a mi tal vez me faltó”, “No quiero que pases por carencias”, “no quiero que sufras”.

Yo también he caído inconscientemente en este juego perverso, individualista y egoísta. Tratando por todos los medios que los niños tengan su habitación individual, su TV, equipo de música y hasta computador en su pieza solo para ellos porque: “NO TE FALTE NADA”. Sin embargo los estamos privando de lo más importante en la vida: Comunicación, aprender a tolerarse, a conocerse y a quererse.

Yo recuerdo que con mi hermano, aunque somos de distinto sexo, debíamos compartir habitación por mucho tiempo, y fueron los tiempos más entretenidos que pase, porque conversamos, nos conocimos y hasta hacíamos contención emocional cuando a uno de nosotros nos castigaban. Recuerdo que hacíamos competencias de quien se ponía más rápido el pijama y lo pasábamos requeté bien.

Entendamos entonces que podemos endeudarnos solo lo necesario sin justificarnos que lo hacemos porque ellos, los peques, son los que lo necesitan para que podamos vivir solo con lo que tenemos sin tener que asfixiarnos por las deudas y las llamaditas de cobranza.

Vivamos a concho con lo que tenemos, esta es una sociedad aparentadora a morir, que mi auto debes ser mejor que el del vecino, porque no soportamos saber “que el pasto del vecino sea más verde”, que me debo ver mejor que la colega, que mi ropa es inapropiada o está fuera de moda o temporada, y nos encalillamos con ropa para aparentar que tenemos mucho. 

Aprendamos a vivir con lo que la vida nos da, el pan con mantequilla es tan rico como cualquier cosa que le puedas poner. Yo viví por muchos años a pan con mantequilla cuando era chica, solo cuando había visita se compraba jamón y queso. El pan frito es exquisito cuando no hay nada para echarle y de verdad que los cabros chicos agradecen eso más que el esfuerzo por comprar merme, manjar, chanchito y queso y para eso copas la TC en el supermercado.

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