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Opinión: Una rehabilitación de forma sustentable

Por Biut y Agencias

A pesar de todo, tiene su lado positivo. Lo mejor sin duda es ir a la feria donde no sólo encuentras verduras y frutas exquisitas y más baratas que en el supermercado, si no que por Dios que buen remedio para el ego.  Ir a la feria es bueno para el medioambiente porque compro local, pensando global. Una de las cosas que aprendí es que la fruta me dura menos pensando que me vendían cosas malas. No es así. Fui a libros para saber por qué la fruta y verdura, así como otros alimentos que se compran en supermercados duran tanto. Estos son irradiados por medio de una tecnología segura para reducir el riesgo de Enfermedades Transmitidas por Alimentos y que se utiliza en la producción, procesamiento, manipulación y preparación de alimentos de alta calidad. Por eso, los tomates duran. Sin embargo, como no quiero promover lo “radioactivo” acepté vivir con eso, elegir yo misma la fruta aunque me dure menos y así cuidar a mi medio.

Ahora bien, la feria no sólo es bueno para el medioambiente y la economía local, sino que es un bálsamo para el alma. Como saben, tengo mi pierna con una férula que prohíbe que mi preciosa rodilla se doble por culpa del incidente del troll que me atropelló cuando no pude usar mi cleta para ir a mi trabajo. Todos los “Caseros” (así aprendí que se le dice a la gente que te vende la verdura) me preguntan por mi pierna y me gritan a lo lejos ¡pobrecita! y hasta aplauden cuando paso con mi carrito floreado que combina con los colores vivos de la feria y sus vegetales. Obviamente paso mi mensaje verde a los que ahora son “mis caseros”. Cuando compro papas, pido que me las pongan en el carrito sin bolsa, para no contaminar.  Ahora ellos se los dicen a sus “caseritas”, o sea full educación ambiental.

Bueno, sigo con lo peor de ser dueña de casa. Cocinar… horror… llego fascinada de la feria y me deprimo porque todos esos bellos vegetales deben ser cocinados… no se por donde empezar, las cebollas me causan lágrimas, pelar los tomates me quita toda tranquilidad, y finalmente termino metiendo todo al refrigerador para cocinar unos fáciles fideos. Yo creo que a veces “se me arrancan los enanos”, pero bueno, lo acepto porque además he bajado de peso, me veo regia y me convenzo de que estoy adoptando una alimentación saludable sin volverme vegetariana o flexitariana, término de quienes comen poquita carne.

De lunes a jueves asisto a terapia a la clínica (viernes feria), la cual literalmente me queda al frente de la casa y tan sólo tengo que cruzar la calle. Sin embargo, aquí viene lo primero insustentable de la medicina: Por órdenes médicas, debe ir a buscarme una ambulancia. No!! Horror!!!, ¡esta se tiene que dar una vuelta a 4 cuadras para cruzar 50 metros!. ¿Entenderán los médicos que lo que contaminó la ambulancia quizá dañe a más niños que lo que a mi me dañan cruzar con bastones la calle? Bueno, con este argumento, convencí a mi guapo doctor que me dejara caminar esa distancia con mis medios. He aquí lo tragi-cómico. Yo feliz por ayudar en evitar que en algo no se contamine Santiago pero mientras camino con mis bastones ortopédicos, escucho a la gente lamentarse…daré pena acaso? en fin… mejor no quiero pensar en eso…horror…

Fuera de la clínica, el lado social del micro-emprendimiento. Justo en la puerta se pone un tipo muy simpático que vende artesanías, por lo que me pareció bastante folklórico ir a mirar las cositas que hace. Cuando miraba los aros, estos estaban hechos con cobre; nuestro cobre que además es bactericida, o sea mata bacterias evitando infecciones y del cual algunos implementos de la clínica están hechos. Los aros, preciosos!!!! Finos hilos de colores y formas; lo cómico ha sido es que viene el señor muy amable y me pregunta hasta el color de mis churrines… la gente impertinente, más que la curiosidad por saber lo que le pasa a una bella mujer con muletas y pierna de belcro (férula), es contar su experiencia: “a mi también me atropellaron… fíjese que…..” Entonces, no encontré nada mejor que aplicar mi tan querida y preciada técnica del Mute.

Finalmente, he aprendido a compartir y entender el concepto de bien público al igual como es el medioambiente, algo al cual tenemos derecho todos y que debemos compartir. ¿Cómo lo aprendí?

Mi terapia física la realizo en un gimnasio al interior de la clínica. Hay unas camillas tipo camas king en las cuales el kinesiólogo utiliza para aplicarme electricidad a mi hermosa rodilla. Cuando me tendí en esa enorme camilla me sentí confortada, con el suficiente espacio para poner mi Gucci y mi chaqueta deportiva North Face. Sin embargo, me fui dando cuenta que un hombrecito se acerca y me pide permiso… Hello??? había que compartir esas enormes camillas… me dije, está bien, esto es parte de la sustentabilidad. Pero cuando el tipo se saca los calcetines y comienza a abrir los dedos de sus pies a MI lado… no lo pude creer … no sabía ni su nombre pero ahí estaba mirando sus imperfecciones podológicas…. No creo poder resistir esto de la rehabilitación… desde ahí aprendí que compartir no es sólo aceptar, sino también tolerar los hábitos del otro, todo un mundo para la pobre y aporreada Apple.

Ya chicas, nos vemos en un mes, besos.


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