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Paraíso isleño

Por Camila Essus

Visitar Rapa Nui es dar un paseo a ciegas por la isla. Lejos de las señaléticas y tumultos turísticos, las atracciones naturales van apareciendo poco a poco en el camino sin dar aviso. Este no sólo es un viaje para exploradores sino también para los amantes de la buena vida: Gastronomía autóctona, playas paradisíacas y abundante vegetación que ya quisieramos en el continente.

Para recorrerla sólo hace falta sacar a flote el espíritu aventurero y llegar a la avenida principal de Hanga Roa -centro de la ciudad- donde los rent a car se multiplican por segundo. En auto o moto, el trasporte se vuelve necesario para descubrir cada detalle de la isla.

Entre moais e imponentes paisajes comienza la travesía por Isla de Pascua. 100% recomendable gracias a la variedad de panoramas e increíble cultura ancestral de los isleños. Sin duda, un destino obligado.

De visita en Rapa Nui, Tacones preparó una guía con las actividades que hacen del viaje una experiencia para recordar.

Ahu Vaihu: Un sendero para no olvidar

Un par de kilómetros separan al centro de la ciudad del camino costero, más conocido como Ahu Vaihu, lugar donde se pone fin a la ruta pavimentada y empieza una movida excusión por el lado este de la isla. Dos paradas arqueológicas marcan el recorrido. La primera, una piedra de gran dimensión a un costado del camino que encierra entrañadores sonidos, distintos orificios que al soplarlos permiten alertar a toda la isla sobre posibles emergencias.

Luego los turistas pueden conocer el sitio arqueológico “Papavaka”, donde se pueden encontrar los tallados sobre pretroglífos que persisten luego de miles de años. Un sendero de no más de 10 paradas que explica la realidad de los antepasados.

Las playas. Ovahe y Anakena dan un aspecto caribeño a la isla. Ambas de arena blanca y mar cristalino son el merecido escape de quienes han practicado el turismo aventura durante el día. Ovahe está refugiada detrás de un cerro y posee una orilla rocosa y olas que no permiten el baño. Un sector casi privado con una vista maravillosa de la extensión del Pacífico que los pascuenses recomiendan visitar durante la mañana, pues en la tarde se cubre de sombras.

Cruzando el cerro se encuentra Anakena, la playa más grande y popular de Rapa Nui. Aquí, entre palmeras y cinco moais que dan la bienvenida al sector, los bañistas disfrutan de un mar más templado, sol y comida. Infaltable en el lugar es la artesanía tradicional y el camping que bordean la paradisiaca playa.

El legado

Se han convertido en la postal más característica de Isla de Pascua. Los inmensos tallados de piedra en medio del paisaje, esconden sus secretos y origen en “Ranu Raraku”. La única fábrica de moais de la isla es hoy una atracción turística donde aún persisten cientos de moais, incluso sin haber sido desprendidos de los cerros. En este sendero se recuerda del trabajo y forma de vida de los ancestros isleños. “Ningún moai es igual al otro, incluso cada un tiene un nombre distinto y si miras a las generaciones antiguas aún vivas, muchos tienen rasgos físicos parecidos a ellos” cuenta uno de los guardaparques del Parque Nacional Rapa Nui.

Otro vestigio de la rutina pascuense se encuentra en Orongo, ubicado en las alturas de un cerro en el extremo oeste de la isla. Sus tradiciones y costumbres siguen plasmadas en sus casas y sectores ceremoniales. Desde lo alto pueden verse los llamados motus, islotes aledaños, a los que tenían acceso los miembros más provilegiados de la comunidad.

Orongo también posee un volcán, el Rano Cau, responsable de haber forjado la isla y del cuál todavía puede verse el cráter que representa su origen volcánico. Aunque impensado, este cráter es el principal ambiente para la conservación de la flora nativa.

Explorar sobre la ruta interior

Descubrir las cuevas interiores de la isla resulta un buen panorama para los visitantes. “Ventanas” y “Los plátanos” son actividades para arriesgados. “Ventanas” es una cueva subterránea que llega directo al mar y ofrece una espectaculares vista hacia los motus. Para llegar a verla, hay que internarse en un túnel bajo tierra y desplazarse por una ruta oscura y angosta de 50 a 100 metros.

“Los Platanos” en cambio, es una cueva más abierta e iluminada, en la cuál se puede caminar a oscuras y mirar el cielo. Lleno de vegetación autóctona, es un lugar arqueológico donde se mezcla la historia y costumbres isleñas.

Alegría pascuense

La comunidad pascuense es conocida por su alegría, bailes y música tradicional. Por eso, pasar por la isla es una invitación a compartir sus emociones. Para esto, se ofrecen varios espectáculos que resaltan sus costumbres. Tacones estuvo en Matato´a, calificado como el mejor del lugar por la guía turística “The Lonely Planet”.

“Los Rapa Nui son gente libre en su cabeza y corazón, lo que más admiro es que no tienen límites, no tienen miedo de nada. Tienen la fuerza de los moais e interpluralidad de la cultura”, dice Delphine.

Dolphine, de nacionalidad belga, es dueña del restaurant, está casada y vive hace 10 años con el líder del grupo Matato´a, Keva. Cada noche ella cocina y su marido organiza el espectáculo de danza y canto tan popular. Cerca de 10 bailarines de primer nivel integran el show de una hora y media. Al referirse a ellos Delphine menciona “Los Rapa Nui son gente libre en su cabeza y corazón, lo que más admiro es que no tienen límites, no tienen miedo de nada. Tienen la fuerza de los moais e interpluralidad de la cultura”.

Isla de Pascua invita a redescubrir no sólo la identidad de la cultura pascuense, sino a deleitarse con hermosos paisajes y emprender las más audaces excursiones. Un destino increíble y apto para grandes y chicos que no se puede dejar pasar.

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