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Tabaquismo, obesidad, hipertensión y diabetes encogen antes el cerebro

Por Biut y Agencias

La ciencia ha comprobado que, a medida que el hombre envejece, su cerebro va reduciendo su tamaño. Un proceso evolutivo propio de nuestra especie, que se explica, entre otras cosas, por la deshidratación que afecta a este órgano con los años como por la progresiva muerte neuronal.

Pero ahora, por primera vez, un estudio revela cómo factores de la vida moderna, como la hipertensión, la obesidad, el tabaquismo y la diabetes, adelantan esta reducción natural del cerebro, provocando dificultades cognitivas en personas de mediana edad. La investigación muestra que cada una de estas afecciones por separado es responsable del envejecimiento cerebral anticipado, por lo que podrían ser útiles para detectar en forma precoz riesgos de demencia o alzheimer.

Científicos de la Universidad de California, en Davis (EE.UU.), estudiaron a 1.352 personas (hombres y mujeres, sin ningún tipo de demencia), con una edad promedio de 54 años. A cada uno de ellos se le midió periódicamente, durante 10 años, la circunferencia de cintura, la masa corporal, la presión arterial, el colesterol y la diabetes. Además, fueron sometidos a resonancias magnéticas cerebrales. Con estos datos, se comparó a quienes padecían algunos de estos cuadros y personas que se mantenían sanas. También se aplicaron test de habilidades, para medir rapidez de planificación y concentración.

Los resultados de la investigación, publicada en la revista Neurology, mostraron que todos estos factores incidieron en “que el cerebro perdiera volumen, se desarrollaran lesiones secundarias a las arteriales y disminuyera la capacidad de las personas para planificar y tomar decisiones tan rápido como lo hacían al iniciar el estudio”.

Según explica a La Tercera el profesor y director del Centro de Alzheimer de la Universidad de California, en Davis, Charles DeCarli, más que comparar los cerebros en términos de volumen, este estudio muestra el daño causado y los años de envejecimiento que ellos representan. Así, una persona de 60 años con alguna de estas afecciones puede tener un cerebro de una persona de 66, en promedio. “Es importante destacar que ninguna de las personas estudiadas tenía síntomas o signos clínicos de enfermedad cerebral. Los resultados fueron presintomáticos”, aclara DeCarli.

El estudio mostró que en las personas que sufrían hipertensión arterial existía un daño cerebrovascular y problemas en los axones, o cableado de las neuronas, que significaba que su cerebro tuviera cinco años más que su edad cronológica. También evidenciaron bajos niveles de respuesta en las pruebas de función ejecutiva, de planificación y toma de decisiones, síntomas propios de una persona ocho años mayor.

En el caso de los pacientes con diabetes, lo más evidente fue la pérdida de volumen a nivel de hipocampo, que es la zona encargada de la memoria cotidiana.

El tabaquismo fue responsable de un achicamiento general del cerebro y del cableado de las neuronas, mientras que en los obesos se vio una disminución en la velocidad de respuesta de los test de rapidez mental y planificación. Para el neurólogo de la Red Salud UC Jorge González, este estudio evidencia cuán relevante es iniciar la preocupación por la salud cerebral de la vejez durante la juventud. “El patrón de alimentación, la actividad física y edad de la población chilena apuntan hacia los factores de riesgo que están relacionados con la demencia, por lo que si no se toman acciones ya, uno esperaría que los índices de demencia aumenten en los chilenos”, dijo.

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