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Transgénicos en la balanza

Por Camila Essus

Pocos lo saben pero los transgénicos se desarrollan hace casi 20 años en suelo local, convirtiendo a Chile durante este tiempo, en una potencia exportadora de este tipo de semillas. La discusión acerca de los beneficios y efectos negativos de los alimentos alterados ha cobrado cada vez mayor fuerza, principalmente por sus efectos sobre la salud y el medioambiente. El debate se siembra bajo una clara tendencia: Defender los derechos de la alimentación ecológica versus el beneficio tecnológico y de consumo para las personas.

Sin embargo, ambas tendencias coinciden en que el desconocimiento de la comunidad frente a los transgénicos es muy alto. De hecho, el Departamento de Gestión Agraria de la Universidad de Santiago, determinó mediante el estudio “Evolución de la Opinión Pública Informada en Chile frente a los transgénicos”, que los conocimientos de la población frente al tema son muy pobres. Sólo alcanza el 22%, agrupado bajo tres categorías, detractores informados, indiferentes y pro transgénicos. Informarse sobre el tema resulta inminente para adoptar una opinión justificada.

En Chile, sólo el 22% de la población está al tanto de la situación de los transgénicos.

El sí y el no

Esta semana se realizó un interesante debate en la Universidad de Chile acerca de los alimentos transgénicos, el cual dejó abierta la discusión para que estudiantes y opinión pública juzguen cuál es la mejor alternativa. Las bases de cada uno a continuación.

LAS PARTES

Miguel Angel Sánchez es biólogo con mención en Bioprocesos, genética molecular y director ejecutivo de ChileBio, institución dedicada a informar sobre Biotecnología agrícola. Él respalda la idea de que los transgénicos son parte de la vida cotidiana y que la preocupación cuidadana sobre la materia es principalmente por el desconocimiento sobre la materia. Los avances tecnológicos en materia agrícola y la productividad comercial de los alimentos alterados están a su favor. 

Lucía Sepúlveda es periodista especializada en medioambiente, se desempeña hace seis años en la Alianza por una Mejor Calidad de Vida (RAP-Chile) y es autora de diversos escritos respecto al tema. Hoy, férrea defensora de los alimentos naturales, ha presentado una serie de sus argumentos sobre los daños a la salud que causa el consumo de las semillas modificadas.

LOS ARGUMENTOS

  • Crecimiento y masificación. Miguel Angel confía en la seguridad del consumo de transgénicos, afirmando que su masificación se hace presente en diversas industrias como la médica, alimenticia, textil y vitivinícola. Incluso en la actualidad, los cultivos genéticamente modificados se encuentran en más del 60% de los alimentos elaborados disponibles en los supermercados. Al respecto, Lucía argumenta que frente al crecimiento de la producción transgénica, se imponen alimentos de una sola variedad, lo que va en contra de la naturaleza, dejando la mesa diaria cada vez menos natural. A su juicio las características del daño son incontrolables e irreversibles.
  • Trabajo agrícola y medioambiente. La producción transgénica este año llegó a las 150 millones de hectáreas cultivadas. Frente a ello, según algunos, la utilización de este tipo de tecnología podría otorgar oportunidades a los trabajadores agrícolas, a través de la obtención de mayores rendimientos, menores costos de producción y mayor productividad. Para otros, el monopolio de Monsanto dentro de la industria transgénica (empresa que domina el 90% de la producción genéticamente modificada a nivel mundial) es imparable, porque si un campo es transgénico y el vecino no, los cultivos tarde o temprano terminarán contaminándose a través de las corrientes de aire o los sistemas de regadío, causando una pérdida de mercado, ya que las semillas se cultivan sólo durante un año y no pueden ser reutilizadas.
  • Efectos sobre la salud. Quienes están a favor de los transgénicos, aseguran que no existen investigaciones científicas que abalen que este tipo de alimentos pudieran ser dañinos para el organismo. Sin embargo, estudios independientes respaldan el planteamiento de que los transgénicos sí podrían tener efectos a largo plazo. Uno de ellos podría ser la fertilidad. Está demostrado que si una persona consume productos transgénicos, la tercera generación podría presentar problemas de infertilidad (*Para más resultados, revisar recuadro). Además, entre los posibles efectos se incluyen los tumores, desarrollo de alergias, y malformaciones.

El debate, que continuará enfrentando la postura ecológica, y los intentos del hombre por producir y comercializar los productos transgénicos, es sin duda, parte de un proceso de evolución integral del hombre, el trabajo y la convivencia. Y de seguir así, sólo las partes podrán estar satisfechas, llegando a un consenso justo tanto para el medioambiente y la tecnología. 

Embarazo y transgénicos ¿Son compatibles?

La industria biotecnológica ha reforzado por años la idea de que sus productos transgénicos no producen daños a mujeres en periodo de gestación. Pero esta hipótesis, fue recientemente refutada por un estudio realizado en Quebec(Canadá), que confirmó que los pesticidas usados para los cultivos transgénicos, permanecen en el cuerpo humano luego de ser consumidos.

Específicamente, es la toxina Bt la que entra al cuerpo no sólo por el consumo de éstos, sino también por carne, leche, huevos o cualquier producto de carácter animal que haya estado expuesto a alimentación transgénica.

Los resultados del estudio arrojaron que el 93% de los bebés en gestación, dieron positivo, presentando toxinas transgénicas. Asimismo, entre otros detalles de la investigación, se confirmó que entre las mujeres analizadas, 80% dio positivo a la toxina en sus cordones umbilicales.

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