Una isla en pleno Santiago

Por Pía Fouilloux

Muchos santiaguinos reclaman la poca vegetación que hay en la capital o el exceso de contaminación acústica que hay que soportar día a día. ¿Qué dirías si te cuento que existe una pequeña isla en Ñuñoa donde el viento no deja de correr y el único ruido que escuchas es el sonar de las hojas llevadas por la brisa? Ese es un resumen del lugar donde está ubicado el restaurante “La Isla”, que además de ofrecer una carta donde el fuerte son las verduras orgánicas, tiene su propio huerto de vegetales, frutas y hierbas.

Irene Acevedo, ingeniero agrónoma, jamás pensó que terminaría instalando un restaurante, ni menos en Santiago ni tampoco de estas características. Luego de trabajar durante años en el rubro de la exportación de frutas, decidió instalar un pequeño local de jugos naturales. Así comenzó la relación entre la gastronomía y su vocación de agrónoma. “Siempre me gustó la tendencia hacia lo orgánico y lo natural. Al principio esto era más pequeño y yo tenía algunas plantas en maceteros chicos” cuenta la dueña que ahora mira con admiración la huerta que ha cuidado por más de 15 años y que hoy está pronta a entregar sus primeros choclos.

La carta que tiene este bar restaurante es simple y diversa. Según las propias palabras de Irene, “acá pueden convivir muchas tendencias alimenticias: un acérrimo vegano puede comer en la misma mesa con un carnívoro”. De hecho, confidencia que el nombre que había escogido para presentar los platos a los clientes era “viva la diversidad” y que por cosas comunicacionales, prefirieron no escoger ese nombre.

Un lugar de descanso

Extraño sería también que te dijera que además de encontrar un pequeño pedazo de campo en la plaza Ñuñoa donde puedes comer rico y saludable, puedes descansar. Y es que “La Isla” no sólo tiene una rica carta y deliciosos tragos, sino que pese a toda regla, algunos clientes van a descansar. Irene se sorprendió hace un par de días atrás cuando vio a una pareja de clientes durmiendo en unos cómodos sillones que dan a la terraza “imagínate lo acogedor y silencioso que es que se quedaron dormidos” reflexiona la dueña y agrega que como esos clientes, “toda la gente lo pasa bien y eso me gusta”.

¿Pero qué tiene de especial este lugar que no tengan otros locales de su tipo? Partamos por la ubicación: a una cuadra de la concurrida Plaza Ñuñoa, una casona antigua pasa desapercibida entre la cantidad de negocios que están en la zona. Otra diferencia a destacar es la terraza donde un gran parrón cubre las mesas evitando el paso del sol y refrescando con su sombra. Finalmente, la huerta orgánica marca una diferencia pues hablamos de plantaciones de choclos, arándanos, tomates, lechugas, rúcula, cebollines, acelgas, habas y varios tipos de hierbas y flores comestibles que son cosechadas por los mismos trabajadores del restaurante.

Irene no deja de mirar lo que ha construido con sus propias manos, pues a pesar que cada vez es más difícil coordinar todo lo que sucede en “La Isla”, la dueña se encarga personalmente de la huerta porque dice “hay que ponerle mucha energía”.

Tras pasar un par de horas disfrutando del aroma a tierra mojada, del frescor del viento y de la agradable sombra del parrón, Irene piensa un momento y concluye: “Es realmente maravilloso cumplir un gran sueño”. Y es que su restaurante y su huerta la tienen feliz, “con todo lo que tengo, no puedo pedir más”.

Los choclos están creciendo mientras que las frambuesas están listas para ser cosechadas.


Lo que necesitas saber

Especialidad de la casa: platos en base a quínoa, panqueques dulces y salados. Todos los platos de “La Isla” tienen algún ingrediente de la huerta orgánica.
Bar: destacan los tragos preparados con hierbas como el mojito o la caipirinha.
Horario de atención: de lunes a juevs de 18:00 hrs. a 23:00 hrs. Viernes y Sábado, hasta las 3:00 am.
Ubicación: Irarrázaval 3465, Ñuñoa.

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