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Cuatro barreras para un buen comportamiento dietético

Por Constanza Cortés /@lavecinacortes

¿Queremos cambiar nuestros hábitos alimenticios? ¡Rompamos estas barreras dietéticas primero! Salir de nuestra rutina de confort es difícil y el primer paso es analizar por qué nos estamos resistiendo a realizar el cambio.


Cuando mi hijo cumplió 5 años hicimos un “cumpleaños al revés”. Entregamos a los invitados las sorpresas y dijimos “chao” en cuanto iban llegando, comimos los helados y tortas antes de las pizzas, etc. Los padres nos reímos bastante pero los niños estaban bastante desconcertados, en gran parte – creo- porque nos pusimos la ropa interior sobre el resto de la ropa. ¿Por qué les cuento esto? Porque muchas veces cuando converso con mis pacientes acerca de los cambios de hábito que deben realizar, veo el mismo desconcierto en ellos, como si repentinamente les estuviera desordenando el mundo. ¿Por qué los cambios son tan duros para algunas personas?

Pensemos en nuestra rutina diaria, ¿cuántos cosas hacemos sin siquiera pensar en ellas? Cuando nos vestimos por la mañana, ¿qué zapato nos ponemos primero? Es probable que nunca hayamos pensando en eso. Si siempre comenzamos con el pie derecho, intentemos hacerlo con el izquierdo. Seguramente lo sentiremos extraño. Ahora imaginémonos que nos enfrentamos a la necesidad de realizar muchísimos cambios a la vez, donde todo lo que hacemos durante el día se ve afectado y permanecemos conscientes de que estamos haciendo las cosas de manera diferente. Este proceso requiere de un período de adaptación.

El cambio es difícil y requiere desarrollar nuevos y saludables hábitos, en reemplazo de los antiguos. Pero para poder llegar a ese punto, primero debemos identificar las barreras que se nos interponen. Las personas resisten el cambio por diversas razones. Acá van algunas de las más comunes.

Barrera dietética n° 1: Nos sentimos bien, entonces ¿cuál es el problema?

No podría decirles cuántas veces he escuchado de un paciente “no tengo nada malo, sólo soy gordo”. Quizás es porque el sobrepeso en sí mismo no daña de la manera en que lo hace un dolor de cabeza. Esto, probablemente porque los kilos se van ganando de a poco, lo que permite al cuerpo adaptarse sin permitirnos notar cómo nos afecta. Quienes aseguran sentirse bien estando gordos antes de comenzar un programa de dieta y ejercicios, son los mismos que regresan meses después admitiendo que no se daban cuenta de lo mal que se sentían cuando pensaban más. Con una pérdida de peso y aumento de vigor producto del ejercicio se logra más energía y mejor calidad de sueño. En definitiva, nos sentimos como “una persona nueva”. No hay nada más motivante que realmente sentir los resultados de volvernos saludables.

Barrera dietética n° 2: es tanto lo que debemos dejar de lado, que simplemente no vale la pena

Imaginamos que deberemos dejar nuestras comidas favoritas, que no podremos salir a disfrutar de una cena con los amigos, familia o compañeros de trabajo y que tendremos que destinar demasiado tiempo al ejercicio y a la preparación de las comidas. Suena bastante por dejar de lado y no estamos seguros de querer hacerlo. Sin embargo, podemos aprender maneras de alivianar nuestras recetas favoritas en casa y realizar mejor elecciones en los restaurantes, permitiéndonos ser tan sociables como lo hemos sido en compañía de una hamburguesa y papas fritas. Debemos enfocarnos no sólo en lo que estamos abandonando, sino que en lo que vamos a ganar. Sí, algunas cosas deberán cambiar, pero si mantenemos el ojo en el premio de una mejorada salud, haremos los cambios más gustosos.

Barrera dietética n° 3: no tenemos la confianza de que vamos a tener éxito

Quizás hemos implementado una variedad de medidas en el pasado sin haber podido mantenerlas por mucho tiempo. Si lo hemos intentado todo pero nada parece resultarnos, será un desafío convencernos de que esta vez será distinto. Entonces, ayuda revisar el por qué no hemos sido exitosos anteriormente. ¿Fue la dieta muy estricta? ¿Nos volvimos muy agresivos demasiado pronto con la comida y ejercicios? ¿Comemos cada vez que tenemos hambre y utilizamos la comida como símbolo de recompensa y confort? Ganar confianza toma tiempo y es probable que necesitemos ir paso a paso para llegar donde nos hemos propuesto. Sin embargo, cuando damos esos mismos pasos una y otra vez, estamos en vías de establecer nuevos y más saludables hábitos… y de fortalecer la confianza.

Barrera dietética n° 4: pensamos que nada de lo que hagamos marcará la diferencia

Algunas personas simplemente no se convencen de que pueden realizar algo que genere impacto en su salud de manera significativa. Dirán que han heredado una estructura gruesa o asignarán la responsabilidad de sus índices de colesterol a los malos genes. Cuando estamos convencidos de que nada podemos hacer para crear una diferencia, es probable que hagamos precisamente eso, nada. Simplemente, estamos tomando una fácil escapatoria al problema. Como se ha dicho, “la genética carga el arma pero es el ambiente quien jala el gatillo”. La genética por sí misma no determina cuán saludables seremos, nuestra salud está muy influenciada también por la manera en que atendemos el cuerpo. Los pequeños cambios, sumados unos con otros, definitivamente van acumulando.

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