Culpa: ¿Será posible vivir sin ella?

"Cuando empecemos a cuestionar el para qué de ese deber ser y cuál es su trasfondo, quizás podamos empezar a librarnos de cumplir a rajatabla con la serie de mandatos que nos hemos ido autoimponiendo como mujeres".

PAMELA QUEZADAPSICÓLOGA Y COACH /INSTAGRAM: @PAMEQUEZADA_PS / WEB: WWW.PAMELAQUEZADA.COM

Por Biut

La culpa, eterna compañera femenina.

Personalmente he convivido con ella toda mi vida.

Cada vez que agregamos un rol más a nuestra vida, la culpa viene con una nueva exigencia de regalo.

Sé que toda mujer que lea esto puede verse identificado de alguna u otra manera con esta sensación tan desagradable. Hago esta distinción de género porque es un hecho que hay todo un tema de educación que constituye a la culpa como un pilar fundamental en la vivencia de lo femenino.

Por ejemplo, la culpa de los compromisos que no se dicen directamente, pero que están ahí en el entredicho constantemente, culpa por no ser tan buenas hijas, madres, esposas, trabajadoras, etc.

Finalmente es una sensación muy atrapante, donde hay que elegir “que tipo de culpa tener”, más que poder salir libre de ella.

A mi juicio, la culpa se basa en una serie de “deberes seres” sociales que ordenan nuestras vidas, y se van enquistando hasta parecer algo “obvio” o de “buenas costumbres”, que no siempre debe serlo o está actualizado a nuestra realidad actual.

La culpa se nos ha instaurado como un aviso de que no estamos cumpliendo con ese mandato social de lo que está bueno o malo hacer/pensar/sentir y que corremos el peligro de ser apartados de “la manada”.

Mandatos sociales tenemos por cientos: que debemos ser calladas, no reirnos fuerte, tampoco opinar mucho, siempre atentas a la necesidad del otro, sin exigir lo que queremos ni menos ser directas en nuestas necesidades. Por nombrar sólo un par de las carácterísticas que tiene una “buena mujer”, como muy bien ha descrito Nerea de Ugarte, fundadora del movimiento La Rebelión del Cuerpo.

Oportunidades de sentirnos culpables entonces tenemos cada vez que rompamos con el molde de lo que se espera de una mujer servicial y siempre disponible.

Sólo cuando empecemos a cuestionar el para qué de ese deber ser y cuál es su trasfondo, quizás podamos empezar a librarnos de cumplir a rajatabla con la serie de mandatos que nos hemos ido autoimponiendo como mujeres en esta sociedad, encontrando así entonces un equilibrio entre ser personas que socialmente adaptadas y auténticamente libres.

ANUNCIOS

COMENTAR

Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento del Grupo Copesa.
Grupo Copesa