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Cazatesoros urbanos

Por Biut y Agencias

Un clavo oxidado, una moneda de 50 pesos y un auto de juguete que alguna vez fue rojo. En un par de minutos, Nelson Lepe (49) se calzó sus audífonos, auscultó el suelo de la Plaza de Los Dominicos con su detector de metales y encontró esos tres objetos. En los buenos días, recoge hasta $ 5 mil en una mañana.

Lepe es administrador aéreo, trabaja en la Dirección de Aeronáutica, es radioaficionado y “giro sin tornillo”, según su propia descripción. En su tiempo libre desata su pasión: es uno de los pocos cazatesoros de Santiago.

Esta actividad está muy extendida en EEUU, pero en Chile recién comienza a asomar, en gran parte por responsabilidad suya. No es raro ver a Nelson los fines de semana, muy temprano barriendo el suelo con su detector en los parques del sector oriente, esperando el pitido que le avisa que, bajo tierra, hay un metal.

Lleva 26 años desarrollando su hobby: buscar “tesoros” con un detector de metales. El primero que tuvo lo compró a una pareja de estadounidenses que realizaba una venta de garaje en Santiago.

En una salida lo llevó a la playa de Papudo: juntó 47 mil pesos dedicándole entre una y dos horas, por semana. Con eso se comió un asado y ya no había vuelta atrás: buscar monedas se convirtió en parte importante de su vida.

La plaza Los Dominicos es una de sus favoritas: “Donde hay movimiento, hay gente perdiendo cosas”.

También Plaza Ñuñoa es otro de sus lugares recurrentes. “Aunque siempre hay que pedir permiso. Por desconocimiento, nos han pedido que no busquemos en el Parque Intercomunal de La Reina o en plaza Las Lilas”.

“Es una ocupación medio autista”, la define Lepe. El silencio, las largas caminatas y la concentración son valores importantes en la detección de metales. Nelson también fabrica sus propios detectores y los vende: “Los compradores prefieren el anonimato. Llegan diciendo que tienen un ‘datito’ de un tesoro enterrado, y naturalmente quieren discreción”.

El farmacéutico Mario López (50) es uno de los colegas de Nelson, con quien comparte su hobby. López vio un programa de tv hace 12 años, donde un hombre dedicado a la detección de metales probó que la batalla de Little Bighorn (1876, en Montana) no había sido tal cual estaba consignada en la historia. Ahora él está dedicado a esa veta: recorrer escenarios históricos, contrastándolos luego con la bibliografía. Así ha descubierto una medalla realista en Chacabuco acuñada por los españoles en 1814; momias en el estero de Tarapacá y plomos enteros de la batalla de Yungay que hablan de un enfrentamiento muy distinto al que conocemos por los libros.

LAS CIFRAS

  • 26 años lleva Nelson Lepe ejerciendo el oficio de caza tesoros en Santiago.
  • 900 mil pesos hasta $1 millón. Ese es el precio que puede llegar a costar un detector de metales.

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