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[Opinión] Si (tan sólo) acordáramos lo mínimo

"Si no intentáramos excusar lo inexcusable, aquello que es transversal a los colores políticos, el desempeño de nuestra clase dirigente subiría un peldaño".

Lucía LopezPeriodista

Por Lucía López

Hace unas semanas, una periodista me abordó en un evento para pedirme la opinión sobre el caso Yerko-Pérez. La di. Este mismo medio la publicó: “Tratar de fea a una persona no es hacer humor político”, dije.

Le tengo mucho cariño al equipo de Canal 13 y no comparto afinidad política con la ex vocera. Sin embargo, fui capaz de diferenciar las cosas y ponerme del lado opuesto al que mis lazos afectivos o intelectuales hubiesen elegido. Porque la pregunta era sobre un hecho concreto que yo debía ser capaz de analizar, independiente de mis intereses personales o costos que la respuesta me pudiese traer; como la (especulo) repentina bajada de la invitación a Vértigo que me habían hecho para esa semana (suspensión temporal. Asumo ahora, indefinida).

Pese a lo conveniente que pudo haber sido callar mi real opinión del chiste de la dupla López- Alcaíno, no lo hice; porque siento un deber con aquellas ideas que me movilizan, como, por ejemplo, la violencia en general, el machismo, el sexismo y el maltrato, en especial a mis congéneres. No intento imponer ni censurar, pero tampoco quiero ocultar mi opinión por miedo o presión.

Le tengo mucho cariño al equipo de Canal 13 y no comparto afinidad política con la ex vocera. Sin embargo, fui capaz de diferenciar las cosas y ponerme del lado opuesto al que mis lazos afectivos o intelectuales hubiesen elegido.

Hoy, este mismo medio me pregunta si puedo referirme al chiste de Sebastián Piñera sobre “hacerse el vivo”. Y me parece tan obvio, que no me dan ganas de entrar en la discusión. Pero ante tanto ruido en las redes sociales, sí creo oportuno, invitarlos a conversar sobre esa equivocada idea de lealtad que significa ser incapaz de criticar o reconocer el error de aquel con el que tenemos algún vínculo.

No puedo entender que la misma Cecilia Pérez que en su momento agradeció el apoyo brindado, incluso, por quien no forma parte de su coalición, haya sido incapaz de enarbolar una crítica al chiste del ex Presidente y sólo haya escrito un twitter atacando a sus opositores ideológicos, sabiendo que muchos de los que ella considera “la izquierda”, la defendieron ante lo que estimaron una real agresión.

Si tan sólo estuviéramos de acuerdo en que hay cosas que no pueden ser, no se pueden hacer, ni se pueden decir; sino intentáramos excusar lo inexcusable, aquello que es transversal a los colores políticos, el desempeño de nuestra clase dirigente subiría un peldaño.

No puede ser que en las redes sociales tengamos que entramparnos en la discusión de si el chiste es machista, desubicado o apela a la condición de mujeres objetos del que los hombres se pueden aprovechar, sólo porque muchos no quieran asumir la equivocación. Eso debiera darse por sentado, el diagnóstico debiese ser una reflexión unánime, de la que todos siguiéramos aprendiendo, incluyendo quien emitió los dichos. Porque esto no es aprovechamiento político. Es política. Porque de eso se trata gobernar, abordar los asuntos que afectan a los ciudadanos. Y las grandes desigualdades de trato que afectan a las mujeres tienen un factor gatillante: la creencia de que somos inferiores a los hombres y que se nos puede pasar a llevar porque ellos mandan, dominan, son dueños. En resumen, machismo.

No puedo entender que la misma Cecilia Pérez que en su momento agradeció el apoyo brindado, incluso, por quien no forma parte de su coalición, haya sido incapaz de enarbolar una crítica al chiste del ex Presidente.

Es verdad que este es un velo que recién se nos cae y destapa la vista. Entiendo que, como sociedad, estamos en proceso de aprendizaje y que para las generaciones más antiguas es difícil modificar conductas de toda una vida. Pero la autocrítica debe ser inmediata y sin peros. No como las disculpas de Sebastián Piñera, que incapaz de sólo asumir el error, ataca a quienes lo critican.

En eso no hay legítimo reconocimiento. No asoman sus ganas de conciliar al país para dar una pelea en conjunto que resulte beneficiosa para todos, en un tema tan gravitante y contingente como la inequidad y la violencia de género. Por el contrario, demuestra sólo sus ansias de ganar la pelea chica.

Lo mismo para quienes no se atreven a criticar a su candidato en un hecho o un chiste inapropiado. Reflejan poca libertad de pensamiento y una lealtad mal entendida. No estar de acuerdo, no puede significar traición. Hay temas en los que el estándar mínimo no puede ponerse en entredicho; por el contrario, urge el firme reproche. Incluso, bastaría con ese reconocimiento para identificar y acallar los intentos de “aprovechamiento” que sonarían fuera de tono en un escenario más reflexivo.

La autocrítica debe ser inmediata y sin peros. No como las disculpas de Sebastián Piñera, que incapaz de sólo asumir el error, ataca a quienes lo critican.

En nuestro contexto político y en las redes sociales, quisiera encontrarme con más acciones como las de la Diputada Marcela Sabat cuando se abstuvo de votar contra la despenalización del proyecto de interrupción del embarazo, pese a que su coalición había ordenado otra cosa. Sus razones reflejaban empatía y solidaridad con aquellas mujeres que irían presas por tomar una decisión en un momento de dolor extremo. Sobre todo, reflejaban valor. Valor, porque es posible que haya que pagar un costo. Pero cuando actuemos con independencia, destacando al oponente o criticando lo propio, siendo honestos, con altura de miras, en especial en temas que nos debiesen unir, lo que estaremos demostrando es cuánto nos preocupa el colectivo, la sociedad, el país, por sobre la ganancia personal.

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